Concierto de Leo. Radio Progreso.

Queridos Amigos:

Hoy me fue dado ver a un mago despertando sonidos, lo vi ordenar con un leve ademán: ¡PASO AL ESPLENDOR!... luego arrebatarnos el alma para hundirla en torrentes musicales, como si él fuera de pronto un Prometeo incendiado por el fuego pasional de la música.

No hay ningún misterio en estas palabras. Es que estoy hablando con la mirada por dentro del concierto dirigido ayer domingo 4 de junio en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional por el maestro Leo Brouwer conduciendo la Orquesta Sinfónica Nacional, donde se produjo la presentación, como solista, de Niurka González Núñez en el clarinete. Toda una maravillosa revelación.

Primero nos entregaron el Mozart encantador y magniífico de la Sinfonía número 40 en sol menor, K.550, y luego el Concertino para Clarinete y Orquesta op. 26 de Karl María von Weber, y en ese momento, Niurka una doncella de 17 años, literalmente nos embrujó con una ejecución digna de los cuentos de hadas de Grimm, Andersen o Perrault. Había algo mágico en la pureza de las facciones, los movimientos de las cejas, marcando la temperatura del alma, en la inclinación rítmica de esa silueta juncal, en la sonriente y cómplice comunicación con su director, Leo Brouwer.

Mientras, afuera, Allison galopaba sobre el cielo plomizo y caía la lluvia finita y persistente, adentro... ¡qué mañana tan idílica nos regaló Leo Brouwer: Los asistentes entre los que divisan a la Dra. Concepción Campa y a Pérez Llanusa y el público, puestos de pie, obligó a salir a escena varias veces.

Leo Brouwer, virtuoso guitarrista, gran compositor, una de las mejores batutas del mundo, tenemos que decirlo: honra a Cuba con su arte. Se adivina tras el hombre conciso, al trabajador incansable, al hombre dinámico, de ideas y brazos poderosos.

Habla de él la actuación de estos jóvenes músicos que descubre su preocupación por el relevo y la calidad del arte musical cubano. También nos damos cuenta que Leo no pertenece a la clase de artista que se sumerge nada más que en su obra; no, su entrega al arte propio y ajeno, es total.

Este comentario debiera terminar más o menos aquí, pero aunque signifique una ruptura, repicaré las campanas dos veces más.

Primer repique: El progrma del concierto, a mi juicio, estaba casi vacío pues no figuraban los nombres de los músicos de la orquesta ni las clásicas notas al programa donde se hablara un poco del repertorio, autores, director, solistas, etc.

Segundo repique: Las sillas de los músicos ostentaban el tapizado sumamente deteriorado. Creo que hace falta preservar ese teatro tan hermoso que está cobrando apariencia de jardín abandonado, donde los que asistimos, vamos en busca de una inyección de vida, alegría y belleza espiritual. Por lo demás, gracias Leo Brouwer por ser cubano y estar aquí, gracias por existir y gracias por esa música que nos hace rozar el cielo con las manos.

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Fuente: Por María Angélica G (Comentario). Radio Progreso, 4 de junio de 1995

Año: 
1995
Mes: 
Junio
Dia: 
4
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